Logia Nikola Tesla

ENTRE LA CARNE Y LA PIEDRA

8 de octubre de 2026

POR LA HNA. NATALIA «GRAFF» COUTAZ

Historia y relación entre Masonería, el Arte Gótico y su simbología.

Este ensayo, uno de los que más he disfrutado hacer de todos mis trazados. Representa una etapa de impulsos, pasión y profundidad en mí paso por el camino de los primeros grados simbólicos de la masonería, sobretodo en Segundo grado. Ha sido un Viaje de estudio e inspiración, de búsqueda e interpretación de todo lo vivido a través de la Francmasonería. Idas y vueltas al Vitriol y a la cámara de reflexión, el descubrimiento del significado inconmensurable de los símbolos y de su estrecha relación con nuestra vida como sociedad e individuos a lo largo de la historia y desde tiempos remotos. Y también de la creación e interpretación de simbología nueva que va apareciendo en nuestras vivencias y búsquedas incesantes. «Sucede a veces, en la historia de un estilo, el fenómeno de que su última fase representa un vuelta a los principios fundamentales de la primera» – Pevsner-


La arquitectura gótica:
Siendo las catedrales, monasterios y castillos lo primero en lo que se desempeñaron los maestros constructores, antecesores a nuestra orden, es que el estilo gótico está íntimamente ligado a nuestro simbolismo masónico. El presente trabajo se propone reflexionar sobre el simbolismo de la Arquitectura gótica, ha estado volcada y dedicada exclusivamente a la construcción de catedrales, basílicas y castillos, y ha sobrevivido a través de los siglos como un ícono indeleble. El estilo gótico trasciende por medio de su característica más importante, la búsqueda de elevación, luz y perfección, análogamente relacionada a la búsqueda generalizada de los actuales masones. Y tal como lo hacen las enseñanzas de nuestra orden hoy en día, el gótico tiene su principal impacto en el hombre medieval, y su precaria existencia, en la profundidad del simbolismo, más precisamente fundidos en sus elementos arquitectónicos. Así, el estudio de la catedral gótica se realiza, a mí criterio, bajo el foco de una triple luz: la luz de la arquitectura, la luz del espíritu humano y la luz del simbolismo.


El símbolo:
A fin de pasar de la intuición al conocimiento, los seres humanos han practicado, en todos los tiempos, actos de cognición espiritual y ceremonias con los que entrar en contacto con la divinidad. Así se pone de manifiesto la religión, que constituía el instrumento al alcance del vulgo para procurarse conocimiento. Un método para trascender y una manera de intentar comprender tanto el aquí como el más allá, la religión, fue en la edad media un mecanismo para explicar la vida y la naturaleza. Era, en un sentido primitivo, la única sabiduría asequible y lo que se consideraba la verdad. Con el gótico se produce un surgimiento y una evolución del conocimiento racional у empírico, basado en la lógica, la experimentación у la demostración. Pero el lenguaje analítico del pensamiento racional no podía responder a las preguntas del espíritu humano por ser incapaz de expresar aquello que viene de la intuición y del sentimiento, y es en este punto donde se hace indispensable el lenguaje simbólico, que se incorpora en cada detalle al nuevo estilo de arquitectura El Gótico. Este estilo potenciaba el carácter divino de la religión cristiana para la plebe impreso en su grandiosidad, pero al mismo tiempo sus elementos refinados y su simbolismo oculto invitaban a la sociedad más instruida, a un pensamiento más profundo, reflexivo y menos dogmático, que fue la semilla del libre albedrío y el discernimiento, de la que luego surgiría el ansia del saber.


Esto surge con la filosofía escolástica durante la Baja Edad Media, y el primer referente de esta etapa fue el abad Suger, Maestro constructor de la Orden Cistercience de la abadía de Saint Denis. El primer edificio gótico en Europa, construido en Francia en los siglos XI y XII, paradójicamente, Fue erigido por la orden cistercience, que emplazó las instrucciones para la construcción del nuevo estilo que parecía tener una relación directa entre el concepto filosófico de la divinidad y el simbolismo de la luz, así como también el potencial de cambio en el paradigma cultural de la época. Luego surgieron los gremios de constructores, conformados por aquellos artesanos, maestros y canteros separados de la orden por un pensamiento más abierto, y entonces el gótico se difundió por toda Europa con libertad. Aunque es un estilo de carácter inherente a los templos de culto cristiano y surgido del mismo, se transforma a la vez en un centro de atracción artístico y espiritual, desatando una corriente de nuevo pensamiento sin precedentes, un culto a la luz, a la grandiosidad y la perfección, abriendo un importante portal evolutivo y movimientos emergentes que eran preludio de ilustración.


El símbolo entonces, hace de nexo para aprehender una realidad que solo puede ser expresada de forma velada, el símbolo no explica ni expresa algo definido, si no que sugiere e induce y es un microcosmos que requiere de una contemplación sinóptica para su entendimiento. Traigo al primer plano al estilo gótico, por ser el que marca la transición entre el oscurantismo y el renacimiento y que aún hoy ha quedado en medio de lo contemporáneo como un portal del pasado a otra dimensión que permanece suspendido en el tiempo. El arte gótico es especial porque surge de la necesidad de espacio, luz y elevación en el sentido de altura y espacio y también en el sentido espiritual. También hay una necesidad estructural de la época de reducción de los muros que separan y encogen, esto lleva a la necesidad de más sabiduría, más belleza, y más fuerza. Desde sus cimientos hasta su sensación de infinito, el gótico es simbolismo puro y cada elemento estructural que lo compone nace de un pensamiento Arquitectónico trascendental, desde la genialidad del arbotante, el poder del contrafuerte, la majestuosidad del claristorio, La esbeltez del arco ojival, la infinitud de los pináculos, y la ingeniería celestial de la bóveda de crucería, estos elementos encierran no solo la maravillosa obra de la mente humana, sino también la profundidad simbólica de su alma, lo extenso de su capacidad y conocimientos sumados al espíritu inagotable en la búsqueda de sí mismo y de lo inefable en la perfección.


La complejidad del gótico y su comprensión solo será posible después de entender sus elementos Arquitectónicos más destacados. La arquitectura medieval concentra un gran poder contemplativo, y en su interior, más precisamente en sus símbolos arquitectónicos, es que se guardan celosamente los secretos de los antiguos maestros constructores, nuestros predecesores operativos de los que heredamos la simbología de nuestras herramientas y con las que llevamos adelante nuestro trabajo masónico.

Para entender al gótico se debe saber algo de su predecesor, el estilo Románico. Este era mucho más rústico y simple y fue quedando obsoleto conforme su estructura perdía capacidad espacial, y siendo incapaz de elevarse más alto debido a que su masa era ominosa y demasiado gruesa, necesitaban gran poder de carga y sostén para los muros, Por ello sus soportes debían emplazarse internamente. Carecía de capacidad estructural para dejar pasar la luz y albergar a sus visitantes, el estilo era tosco, similar a un castillo o fortaleza, frío, obscuro y húmedo. Debido a la necesidad de mejorar estas falencias fue que comienza la transición y la búsqueda a un estilo más hermoso y benévolo. La aplicación del gótico permitió abrir los muros para dejar entrar una luminosidad que envolvía a los fieles, caracterizada por el anhelo de elevación, luminosidad y verticalidad. La conjunción de la luz procedente de las vidrieras y vitrales del claristorio sumado a la existencia del misterio de los símbolos e incluso la melodía de las primeras letanías de los coros gregorianos hacían de la estadía en el templo una epifanía sensorial, una catarsis del alma que lleva a una persona a trascender la realidad. Y eso para la época era un encuentro directo con la divinidad.


Asimismo, el arte, la escultura y la pintura, pasaron de los muros del románico a los vitrales del Gótico, integrados entre los elementos arquitectónicos, tenían una doble función: Las imágenes eran portadoras de un mensaje destinado a la gente del pueblo que adolecía de la falta de formación y conocimiento, pero también era una forma de representar la belleza del mundo celestial, contaban la historia de las sagradas escrituras y a la vez transmitían, solapadas, ideas que solo eran comprendidas por los pocos que estaban versados en el lenguaje oculto del símbolo.


Culto a la piedra y la Luz:
El Gótico es un culto a la piedra, al espacio y la luz, su finalidad es la de acercar al profano a lo sagrado mediante una nueva arquitectura, diáfana, amplia, sugerente e intrincada, a la vez inundada de claridad. La nave central dejando pasar el sol entre los muros que se vuelven transparentes, ofrecen al profano una experiencia única, por fuera no es menos, coronados de ornamentados pináculos, los maravillosos arbotantes hicieron prescindir al edificio de una gran cantidad de gruesos muros. De esta manera el gótico logra elevar el edificio con gracia y ligereza y deja entrar la luz con una fluidez celestial. Para los artistas medievales la luz era fuente de orden, proporción y conocimiento. La arquitectura gótica se sirve de nuevos elementos constructivos que permiten que los muros prácticamente desaparezcan y así crear un espacio amplio y diáfano con la piedra y la luz como únicos materiales. Estos elementos estructurales tienen en común que todos buscan la elevación, la entrada de la luz y la perfección.


El estilo gótico, fue hecho por nuestros ancestros operativos, y las estructuras más sobresalientes son en si mismas elementos de amplia interpretación. Son el producto del trabajo que hicieron con las herramientas que nos legaron. Herramientas que dejan una impronta en la piedra que también habla de un significado, oculto y adyacente, siempre por descubrir. Símbolos que construyen símbolos. Es decir que podemos en masonería, usar el producto generado por la herramienta, también como herramienta que cincela nuevos símbolos. Estos elementos son los que hacen a la catedral gótica maravillosa.


● Arco ojival
Sin duda, constituye uno de las principales señas de identidad de la arquitectura gótica. Un arco ojival está formado por dos tramos de arcos simétricos que finalizan en el ángulo central en la clave. (Clave es el punto medio exacto donde se unen los arcos de una bóveda) Su finalidad es proporcionar una mayor sensación de altura y verticalidad y su analogía simbólica con la ordenmasónica es la rectitud, la Escuadra y la Plomada.


● Bóveda de crucería
Es una pieza fundamental en la fisonomía gótica. Se genera por la intersección de dos bóvedas de cañón dispuestas perpendicularmente en el espacio. Las bóvedas cuentan con nervios dispuestos diagonalmente que se cruzan en la clave. Su función es de sustentación reemplazando los muros por su estructura ligera y hueca. A pesar de esto la bóveda ejerce grandes presiones que deben ser sustentadas externamente. La bóveda está integrada por dos elementos diferentes: los arcos y la plementería. Los primeros son los que le proporcionan estructura, mientras que los segundos se encargan de cubrir el espacio entre arcos. La bóveda de crucería permite la transmisión de los empujes generados por la estructura de la cúpula a los contrafuertes externos. Su analogía simbólica con la francmasonería radica en la remoción y simplificación de los obstáculos por medio de la practicidad y la inteligencia, (la palanca).


● Contrafuertes
Los contrafuertes son refuerzos verticales en el basamento de un muro, normalmente construidos hacia el exterior, los cuales sirven para aumentar su estabilidad y transmitir las cargas transversales a la cimentación. El origen histórico de los contrafuertes se fundamenta en la necesidad de soportar el componente horizontal de la carga que origina una bóveda. Su analogía masónica se encuentra en tres de las (4) virtudes cardinales, templanza, fortaleza y prudencia. Esta última en la forma en la que un contrafuerte previene el deterioro de los muros que ejercen presión para evitar las grietas y rupturas.


● Arbotantes
Los arquitectos románicos cargaban el peso de las bóvedas en el interior del templo, los arquitectos góticos lo desplazaron hacia el exterior y en este sistema de pesos y contrapesos, el arbotante cumplía una importante misión constructiva, erigiéndose estéticamente en un rasgo fundamental del estilo gótico, fácilmente identificable a primera vista. Los arbotantes son elementos estructurales con forma de medio arco situados en el exterior del edificio, cuya función es la transmisión del empuje de la bóveda al contrafuerte, el cual a su vez, lo transmitirá a la cimentación. El arbotante tenía también la finalidad de canalizar las aguas pluviales de los techos y lejos de los muros por medio de un canal en su exados (dorso del arco). Terminado en una gárgola con acrotera. Analogía: los Arbotantes representan las pequeñas luces, sostén del templo y las grandes luces. También representan al GTE:. Por hacer además, las veces de centinelas y custodios de la fragilidad del templo expuesto al mundo profano. Forman entre ellos un escudo que rodea la totalidad del edificio y desde la pequeñez humana su visión es de maciza esbeltez y gran altura.


● Pináculo
El pináculo es un remate en forma cónica o piramidal, adornados con elementos de estilo jónico, que coronan los contrafuertes, cumpliendo una doble función: ornamental y estructural, ya que su peso estabiliza las fuerzas oblicuas procedentes de los arbotantes, centrando la fuerza vertical en los contrafuertes y contrarrestando los empujes laterales. Su empleo aporta, además, una mayor sensación visual de altura infinita al edificio. Su Analogía masónica se corresponde con el oriente del templo y el venerable Maestro.


● Claristorio
Situado en la nave central del templo y sobre todas las demás estructuras, el claristorio es el producto del trabajo externo de los Arbotantes, gracias a los Arbotantes el interior de la catedral puede prescindir de muros de sustentación, abriendo un espacio en amplitud y altura que deja entrar la luz plenamente y promueve la unión de los elementos. Y es la luz el elemento natural que representa la sabiduría y que amalgama a todo el conjunto gótico. Análogamente se corresponde con la bóveda celeste, la cadena de unión porque une todo con un corredor en elevación que le da la vuelta completa al edificio, y con el delta luminoso situado sobre el sitial del V.M dando alcance con su luz a todo el templo.


Anatomía Gótica
En la anatomía humana hay elementos óseos que se corresponde con la arquitectura gótica. Tenemos huesos que son tan fuertes y resistentes como la argamasa o el cemento. Los dientes son tan duros como el mármol. Nuestros fémures soportan cargas externas y sus coyunturas cumplen la función del Arbotante siendo las columnas que nos sostienen. Los ojos, son ventanas al alma, como el rosetón del triforio en lo más alto de la nave central. Nuestras costillas y esternón son como los arcos ojivales. Pero lo más importante es nuestro cráneo, siendo la parte más vulnerable por albergar al cerebro pero no la parte menos fuerte por ello. Nuestro cráneo, es una pieza extraordinaria de ingeniería ósea. Su complexión es como una bóveda de crucería, está fortalecida y contenida por arbotantes óseos, estos se manifiestan como líneas de hueso más grueso que actúan como sostén y refuerzo de la parte más débil del cráneo que es justo encima y en el centro, lo que en la bóveda de crucería. Se llama “clave” En la línea sincipital, llamada también bóveda, de ahí la analogía con la de crucería del arte gótico. Estos arbotantes óseos actúan de manera similar pero inversa a los que vemos en la arquitectura. En lugar de disipar la presión hacía abajo lo hacen hacia arriba, reforzando y sosteniendo desde la base craneal hacia arriba para mantener la parte débil cerrada y preparada para soportar cualquier fuerza que alcance ese punto y a su vez haciendo lo mismo hacia la base del cráneo actúa como contrafuerteen el punto llamado basilar.


Entre la carne y la piedra:
El arte gótico de las catedrales y su arquitectura, llegado a su punto más perfecto, parece tener una regresión a lo primordial, la anatomía humana, como un recordatorio de lo que es capaz, con voluntad y conocimiento, nuestra fragilidad humana. Tal como lo pensé alguna vez, antes de conocer las palabras definitorias del gótico de parte de Unamuno: «Todos sabéis que las catedrales góticas son vertebradas, es decir, tienen un esqueleto de columnas y de crucería recubierto de carne de piedra, y que el peso todo de las bóvedas se echa hacia fuera, sosteniéndolo los contrafuertes con sus arbotantes» Coincido plenamente con su postulado que dice que el estilo gótico es vertebrado, casi humaniza la estructura en su descripción, pero para mí, no llega a concretarlo porque tiene una visión exteriorizada de esa idea, y separa esa “vertebralidad” del edificio y de si mismo sin concretar una comunión. La diferencia entre los conceptos del escritor y el mío, está en que yo me propongo ser parte de esa estructura arquitectónica espiritual y cuasi biológica que es una catedral gótica. La humanizo al punto de hacerme parte de su entraña. Y enfatizo el hecho de que SOY el órgano conductor que la define casi como una entidad. Soy, en su interior, la representación viva y latente de aquellos que la erigieron, cerebro, entrañas y corazón, inteligencia fuerza, y sentimiento. Y luego viene el hueso, la estructura majestuosa, casi hueca en su ligereza, como la osamenta de un ave, que le permite elevar toda la pétrea carne que la cubre. Justo en el medio, entre mí cuerpo que lo contempla y la piedra que respira, está la majestuosidad del Gótico. Es tal el afán y dedicación que los maestros constructores pusieron en sus formas y en su carácter estructural único, que las catedrales parecen querer elevarse continuamente, estirando y estilizando su contorno tanto, que en su Interior las formas parecen desgarrarse, dejando ojales, rendijas y jirones, como si la fuerza de los Arbotantes la sostuviera cual potentes brazos, y el peso de sus contrafuertes la anclaran a la tierra de dónde sus torres y pináculos pretenden despegar, buscando un vuelo más allá del cielo, en lo alto dónde los puntos de fuga no encontrarían fin en ninguna plancha de trazar, y dónde ningún buril, ni de la mano más prodigiosa, podría afinar tanto sus filos, como lo hace la mirada humana desde el llano terrenal. Cómo cuando un cuerpo se desmiembra hacía arriba, sin llegar a separar sus partes, la catedral gótica es sanguínea, es dolorosa y visceral, es la más cercana representación de lo humano en lo trascendental, y a la vez maravillosa. Es el deleite más grande que alguien podría contemplar en la perpetuidad de la piedra.

● Poética del espacio gótico:


Apreciación personal. Antes del Gótico, el viejo edificio románico llegó a su agotamiento conceptual en donde sus excesos y pesantez no expresaron ya el alma del cristianismo ni el espíritu humano de los albores del segundo mileno. San Bernardo de Claraval y el astuto Abad Suger, a quienes se les atribuye principalmente la paternidad conceptual del gótico, comprendieron bien su tiempo y concibieron el espacio religioso como aquel en el cual el hombre huyese de lo terrenal para alcanzar rápidamente el espacio espiritual. Antes de continuar, cabe aclarar que este breve escrito no se ocupa en definir el contexto o antecedentes socio históricos en los que surge el edificio gótico, tema por demás inagotable, basta señalar que las catedrales góticas expresaron el alma colectiva y los anhelos de la sociedad de sus tiempos y en menos de ciento cincuenta años, el sembrado de edificios góticos ocupó buena parte del territorio europeo occidental; se dice que más piedras se movieron en esos tiempos que en los largos siglos de las dinastías egipcias. La catedral gótica fue ocupación de la comunidad entera de los hombres que vivieron los siglos XII, XIII, XIV y parte del XV de nuestra era; toda actividad comunitaria estaba de una u otra manera, relacionada con la Catedral. En los espacios del edificio gótico sucedía todo: oficios religiosos, exequias fúnebres, asambleas políticas bajo la presidencia del obispo, discusiones políticas y filosóficas y otras acerca del precio del grano o del ganado, cotización de los paños y géneros, alimentos etc… A la catedral se acudía en busca de consuelo, consejo, recogimiento o perdón; en sus espacios se bendecía la nueva empresa o trabajo, y se realizaba la tradicional kermesse, y paradójicamente, también era un lugar abierto a lo profano, se hacían celebraciones paganas como la “fiesta de los locos”, con su carro del triunfo de Baco, o la reunión de los alquimistas todas las semanas, el día de Saturno, los solsticios etc…. La catedral es la ciudad dentro de la ciudad, el núcleo intelectual y moral de la colectividad, el corazón de la actividad pública, la apoteosis del pensamiento, del saber y del arte.


Se acepta por todo esto que la catedral gótica fue una de las tres obras enciclopédicas que produjo la humanidad hasta el renacimiento: la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, La Divina Comedia de Dante y La Catedral Gótica. Hay un giro que nos acerca a la comprensión de la idea «poética espacial» en el edificio gótico. Dice Platón que todas las artes y los oficios son en esencia poesía; así, hagamos una analogía entre la arquitectura y la poesía llamando poema al edificio construido, poeta al arquitecto y Poesía a lo que en sí es la Arquitectura. La arquitectura es poesía experiencial que exige para su comprensión que su contemplador o visitante se entregue fenomenológicamente a ella. Más sobre esta idea nos brinda la voz de Ortega y Gasset en un pequeño relato de su vivencia: “Yo soy un hombre español, es decir, un hombre sin imaginación….El arte español, es realista…el pensamiento español, es realista…La poesía española, la épica castiza, se atiene a la realidad histórica…soy un hombre que quiere ante todo ver y tocar las cosas y que no se place imaginándolas: Y lo peor es que el otro día entré en una Catedral Gótica…Yo no sabía que allí habita siempre un torbellino; apenas puse el pie en el interior fui arrebatado de mi propia pesadez sobre la tierra…Y todo esto vino sobre mí rápidamente. Puedo dar un detalle más común a aquella algarabía, a aquel pandemónium movilizado, a aquella realidad semoviente y agresiva… Y ya fuera de la catedral, me senté a contemplarla a recordar lo que había vivido dentro de ella.

Había mirado hacia arriba, allá, a lo altísimo, curioso de conocer el acontecimiento supremo que me era anunciado, y había visto los nervios de los pilares lanzarse hacia lo sublime con una decisión de suicidas, y en el camino trabarse con otros, atravesarlos, enlazarlos y continuar más allá sin reposo, sin miramiento, arriba, más arriba, sin acabar nunca de concretarse; hasta perderse en una confusión última que se parecería a una nada donde se hallara fermentando todo. A esto atribuyo haber perdido la serenidad”.


En el espacio gótico se vive la inmensidad, una experiencia que no se entiende con la razón pero que es comprensible por la intuición. Según Bachelard, (filósofo, poeta crítico literario francés), “La inmensidad es una categoría del ensueño el cual, por inclinación innata, puede contemplar la grandeza determinando un estado del alma que pone al ensoñador fuera del mundo próximo, ante un mundo que lleva el signo del infinito, de Dios. El mundo es grande, pero en nosotros es tan profundo como el mar”. La inmensidad está en nosotros, no circunscrita en la esfera de lo cognitivo pero abarcándola también, adherida a una especie de expansión del ser que, desafortunadamente, la cotidianeidad de la vida y la prudencia reprimen. La inmensidad es el movimiento del hombre inmóvil y retraído. Y es éste territorio interior en el que se llega a comprender el verdadero significado de, por ejemplo, la inmensidad del océano, de un bosque nórdico o de una Catedral Gótica. Toda esa inmensidad, ese infinito cabe en el alma; por las puertas de la Poesía nos apropiamos de un instante eterno. Pierre Albert Birot dice al respecto: …»Y ante la inmensidad de la quietud me hago de un plumazo, dueño del mundo, hombre ilimitado.» La inmensidad del gótico se comprende cuando el alma se apropia de su espacio y se deja envolver intuitivamente por él. El poema Arquitectónico opera en su contemplador y borra fronteras físico temporales para permitir que la pluma del escritor pertenezca en ese instante al lector. La inmensidad es un tema poético inagotable. Para Baudelaire la inmensidad es una conquista de la intimidad: “La inmensidad es una dimensión íntima, es una de esas impresiones felices que casi todos los hombres imaginativos han conocido gracias a los sueños, mientras dormían., es sentirse liberado de los lazos de la gravedad, preso de una amplia luz difusa…En la inmensidad, sin más decorado que ella misma” La grandeza progresa en el mundo a medida que la intimidad se profundiza. Cuando el hombre vive la inmensidad en su esfera íntima, entonces se ve liberado de sus preocupaciones, de sus pensamientos y ya no es prisionero de su ser del momento, se apropia entonces de una totalidad sin tiempo.


Otro elemento simbólico esencial en el edificio gótico es la dimensión sin precedente de la altura, amplitud y transparencia de sus espacios. En lenguaje plástico y espacial, las catedrales son la figuración simbólica y la equivalencia aritmética de la escritura. Es la proyección de un sueño de perfección moral, ciudadela del Bien, erizada de torres, inaccesible a todo lo que se arrastra por el suelo.  Una Catedral Gótica es una caja de resonancia. El soporte musical sirve para recordar las armonías cósmicas, coros, oraciones y letanías; decir, la razón de la divinidad a las palabras de los hombres.

La orientación de las catedrales es siempre al punto en el oriente en el que se disipan las tinieblas al amanecer. La orientación permitió el manejo simbólico de la luz y los vitrales se encargaron de llenar de belleza al luminoso mensaje. Las formas circulares de las bóvedas góticas al unirse a los elevadísimos muros hablan el lenguaje que San Bernardo quería comunicar: “elevarnos desde los fondos de la tierra hasta la redondez infinita celestial”. Recordemos que el arte medieval es un arte de símbolos que se corresponde con la necesidad de la Iglesia de construir un lenguaje cohesionador y enciclopédico. Pero es un error desconocer el modo en que se construye en el medio Evo. La originalidad del Gótico se da gracias a que el maestro de obra permite libertad creativa a los trabajadores. El cantero medieval es un artista que recibe instrucciones generales necesarias para que su trabajo encaje con el de los demás (medidas, proporciones, ángulos etc… Pero con margen suficiente como para crear una obra personalizada, y es por eso que lo especial y casi mágico del arte en la Arquitectura gótica es, que está plagada de individualidades que la enriquecen, los constructores dejaron una impronta personal que en aquel entonces podría haber reflejado sus ánimos y sentimientos personales, y los avatares de sus mentes e imaginario, quedaron implícitos en la forma de la piedra que hoy vemos. De allí que los masones somos llamados los constructores de la marca. Por esa impronta única y personal que han dejado en la historia. La Catedral Gótica es un perfecto poema sinfónico en el que nada sobra y nada falta, que eleva hacia el cielo sonidos, brillos, colores y anhelos en la armónica simbología de su piedra, que lejos de ser fría e inerte se dinamiza en una especie de cosmovisión interactiva que se produce en la mente cuando se contempla. Su lenguaje plástico formal es la metáfora de lo humano y dentro de ella, en su inmensa intimidad, es como estar dentro de nosotros mismos.


Investigación y redacción:
H:. Natalia -Graff- Coutaz.

Bibliografía:


● JESSICA JAQUES PI, La estética del Románico y el Gótico.


● UNAMUNO, M. de, Andanzas y visiones españolas, Madrid 1922.


● ORTEGA Y GASSET, J., La deshumanización del arte y otros ensayos de estética, Madrid
2003.


● RÀFOLS, J. F., Historia del arte, Barcelona, Editorial Óptima, 2001.


● SEBASTIÁN, S., Mensaje simbólico del arte medieval, Madrid 2009.


● Atlas ilustrado de las catedrales españolas.


● Fulcanelli, El Misterio de las Catedrales.


● Ortega y Gasset, J., La deshumanización del arte.


● Bachelard, La poética del espacio.

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