Logia Nikola Tesla

CIENCIA, JUSTICIA Y TRABAJO

20 de octubre de 2026

POR EL HNO. PDL

Palabras preliminares

No hace falta ser un iniciado para haber conocido sobre la trilogía de vocablos que proclama la Masonería como sus pilares fundantes. me refiero a la exclamación “Libertad, Igualación y Fraternidad”. Sin embargo, no deja de llamar la atención que, una vez iniciados, en el ritual del 1er. Grado se utiliza la exclamación “Ciencia, Justicia y Trabajo” y no la otrora fórmula.

Podríamos arriesgar una primera interpretación, diciendo que en la Masonería Azul el paso de un lema al otro pareciera marcar una evolución en el masón, de carácter pedagógico e iniciático: El lema del 1er Grado se enfocaría en la construcción interna y el uso del método racional del iniciado, mientras que a partir del 2do. y en los grados superiores se proyectan esos valores hacia una mayor interacción social y los principios universales de la Orden.

En el 1er grado, La Ciencia invita al Ap. a buscar la verdad mediante la razón y el autoanálisis, despojándose de prejuicios y dogmas; la Justicia, representaría el equilibrio interno y la equidad que el iniciado debe aprender a aplicar, primero en sí mismo, mediante el uso de las herramientas del grado. Y el Trabajo, sería el modo y la actividad tendientes a desbastar la ‘piedra bruta’ de su ser y lograr el perfeccionamiento moral.

Ahora bien, a partir del Grado de Compañero, y conforme se vaya avanzando en masonería, donde aparecen la “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, podríamos inferir que el lema cambia porque: la Libertad comienza a manifestarse en su esplendor ya que el criterio personal de cada H.°. se expande y adquiere más lucidez; la Igualdad se experimenta en el paso del trabajo solitario a la colaboración horizontal con sus pares, y la Fraternidad es vivenciada como síntesis social y vínculo definitivo, que unifica a los masones en general en un esfuerzo en común para erigir la Gran Obra.

Sin embargo, no debemos olvidar que cada uno de nosotros, no dejamos de ser nunca Aprendices. Y en ese sentido creo que el Lema del 1er grado de la masonería simbólica nos atraviesa transversalmente a todos los hh de todos los grados y calidades. 

Además, si de asistir al Taller se trata, todos participamos en pie de igualdad, en las Ten de 1er. Grado. Por lo tanto, considero que es posible intentar una interpretación de esta exclamación que contemple los tres grados de la Mas. simbólica – con el cuidado, claro, de no abandonar los límites de cada uno.

No pretendo que este trabajo sea una forma de definir taxativamente qué significa cada palabra, sino una especie de viaje que motive la reflexión personal. Propongo preguntarnos:

¿Qué significa el lema para un hombre que ha decidido comenzar a trabajar sobre sí mismo?, además de intentar desentrañar cómo se vivencia según cada grado.

Considero que la Fraternidad en cuanto vínculo, se comienza a vivenciar desde la recepción en nuestros Templos, o al menos es esperable que así sea.

De todos modos, durante los primeros paso del aprendiz, muchas veces no es un sentimiento preponderante, sino que prima más el respeto y cierto ‘cuidado’ hacia estas nuevas personas que le consideran su «hermano» y luego, con el tiempo y el trabajo masónico, va floreciendo la verdadera fraternidad… en ese sentido, me inclino más por considerarla una construcción activa de cada uno y del cuerpo masónico en general. CIENCIA, JUSTICIA Y TRABAJO.

Una reflexión desde el primer grado de la Masonería Simbólica.

Introducción

Cuando el Aprendiz comienza a transitar la vida masónica, recibe un puñado de enseñanzas sencillas, pero con profundas consecuencias, si se trabajan y profundizan, ya que a mi entender la Masonería no busca tan solo transmitir conocimientos, sino formar hombres y mujeres capaces de transformar dichos saberes en una conducta determinada.

En ese sentido, el lema “Ciencia, Justicia y Trabajo” constituye mucho más que una expresión institucional y podríamos interpretarlo como una verdadera síntesis de aquello que la Orden espera de sus miembros: una búsqueda inclaudicable de la verdad mediante la razón, una conducta orientada por la justicia y una férrea voluntad puesta al servicio del perfeccionamiento tanto individual como colectivo.

Esta plancha no pretende responder qué es la Ciencia, qué es la Justicia o qué es el Trabajo en términos absolutos, ya que como veremos, no sólo van a tener un significado personal para cada H.°., sino que en cada grado van tomando un cáliz particular y más específico. Así como el recipiendario se encuentra con una batería de símbolos luego de ser admitido y, como aprendiz, sólo trabaja sólo sobre aquellos correspondientes a su grado, considero que las palabras del lema tienen un desarrollo más acabado a medida que avanzamos en el camino masónico, aunque sin un correlato lineal de cada una con un grado en particular.

I. Ciencia. Primera palabra del lema

La Ciencia representa en el pensamiento masónico: el conocimiento, la razón y la búsqueda de la verdad. Pero la la relevancia propia de ella, implica además una determinada actitud frente al conocimiento: reconocer que éste no es infalible, puede – Y debe – ser revisado. El Masón está llamado a la reflexión de que la realidad no necesariamente coincide con nuestras opiniones, debiendo investigar antes de afirmar, preguntar antes de juzgar y estar dispuestos a modificar una conclusión dada cuando aparecen nuevos elementos que demuestran que nuestra certeza no era tal.

Esta forma de abordar el conocimiento y la búsqueda de la verdad tiende a alejarnos del dogmatismo y favorecer una actitud de modestia intelectual entre los HH. En el trabajo ontológico del Aprendiz está relacionado con el silencio y el deber actitudinal que se le exige, ya que conocer no debería hacernos sentir superiores, sino todo lo contrario, ser humildes y aceptar la basta dimensión de aquello que aún ignoramos.

Por el contrario, cuanto más aprendemos, más claramente podemos comprender la dimensión de aquello que todavía ignoramos. Cuando creemos poseer la verdad absoluta, el que piensa diferente se convierte fácilmente en un enemigo. Pero cuando comprendemos que nuestro conocimiento es necesariamente limitado, el otro puede convertirse en alguien de quien todavía tenemos algo que aprender.

Por eso, desde una interpretación masónica, la Ciencia no debería ser solamente acumulación de conocimientos, sino ejercicio permanente del pensamiento libre. El Aprendiz recién comienza. Y quien comienza debe aceptar que todavía tiene mucho por aprender y su actitud podría ser sintetizada de la siguiente manera:

Pensar, investigar, comparar, dudar, rectificar, volver a pensar y continuar buscando.

Porque la Ciencia no termina cuando encontramos una respuesta, sino que muchas veces comienza allí, con nuevas preguntas.

II. La segunda palabra: Justicia

Si a la Ciencia la hemos relacionado con la búsqueda de la verdad, la Justicia introduce una pregunta diferente:

¿Qué hacemos con aquello que consideramos verdadero?

Porque conocer lo correcto no garantiza necesariamente actuar correctamente. Una persona puede conocer perfectamente los principios de la justicia y, sin embargo, actuar movida por intereses personales. Puede defender la igualdad y comportarse de manera discriminatoria. Puede hablar de fraternidad y actuar con egoísmo. Puede exigir respeto y no respetar.

Por eso, la Justicia supone un paso adicional respecto del conocimiento. Implica transformar una idea en una conducta.

Generalmente, en masonería se relaciona a la Justicia con el equilibrio de las relaciones humanas y con la necesidad de adaptarnos responsablemente a las transformaciones de la sociedad (recuerdo haber leído algo en este sentido, publicado por la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones).

En el 1er grado, no deberíamos reducir la Justicia a una cuestión exclusivamente jurídica. De hecho, solemos comenzar a trabajar su concepto junto con el estudio de las demás virtudes cardinales. Hay una justicia de las leyes, naturalmente. Pero también existe una justicia cotidiana, alejada de los recintos judiciales: la justicia de escuchar antes de responder, la justicia de reconocer los méritos de otro, la justicia de admitir un error, la justicia de no exigir aquello que nosotros mismos no estamos dispuestos a ofrecer, la justicia de no utilizar una posición de ventaja para perjudicar deliberadamente a quien se encuentra en una situación más débil.

Y existe, además, una forma todavía más difícil de justicia, y que considero constituye el punto de inflexión en el Aprendiz, que es la justicia hacia nosotros mismos. No se trata simplemente de castigar lo incorrecto. Se trata de buscar una forma correcta de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con la sociedad.

Aquí es donde la justicia se vuelve una cuestión particularmente importante para el Aprendiz: ésta no puede comenzar por el juicio hacia los demás; debe comenzar por el juicio sobre nosotros mismos.

El ejercicio interno a que nos convoca la Justicia, en este grado es: antes de preguntarnos si otro hermano está cumpliendo adecuadamente con sus deberes, deberíamos preguntarnos si nosotros estamos cumpliendo con los nuestros; antes de señalar una imperfección ajena, deberíamos preguntarnos qué hacemos con las propias; antes de exigir tolerancia, deberíamos comprobar cuán tolerantes somos nosotros.

Esta inversión de la mirada puede ser incómoda, pero también puede ser profundamente transformadora. Porque la Masonería no nos pide que construyamos un mundo perfecto, sino primigeniamente comenzar a perfeccionarnos nosotros mismos; nos invita a comenzar por nosotros mismos.

Desde mi visión, ser justo con uno mismo significa reconocer nuestras capacidades sin convertirlas en soberbia, y al mismo tiempo, reconocer nuestras limitaciones sin convertirlas en excusas. Significa asumir la responsabilidad por nuestras decisiones, no atribuir permanentemente nuestros errores a las circunstancias, no convertir nuestras dificultades en justificación para perjudicar a otros.

A la vez, ser justos con uno mismo implica benevolencia, ya que tampoco podemos condenarnos indefinidamente por nuestras equivocaciones. Quizás por eso la Justicia tenga una dimensión tan profundamente relacionada con el equilibrio.

III. ¿De qué hablamos cuando hablamos de Trabajo?

La tercera palabra del lema es Trabajo. En el exordio de los Principios de la Orden, la Constitución del GOFRA señala que la Masonería:

“Considera al trabajo como único medio de producción de 

auténtica riqueza y como un deber esencial del hombre, al que dignifica y honra”, agregando que “lo exige sin prisa ni pausa”.

Ahora bien, dentro del grado, podríamos relacionarlo más como una actividad transformadora y no simplemente laboral. Podemos buscar la verdad, podemos comprender la justicia, podemos formular excelentes principios. Pero si nada de eso modifica nuestra conducta, todo permanece en el terreno de las ideas. El Trabajo se convierte en la posibilidad de convertir los principios en acción. Trabajar es aceptar que aquello que queremos llegar a ser exige esfuerzo. Hay una diferencia profunda entre desear ser mejor y trabajar para ser mejor. Lo primero es mera intención, lo segundo es una decisión. Esta diferencia resulta fundamental.

Todos podemos imaginar una versión mejor de nosotros mismos; hacerla realidad requiere práctica, repetición, errores, perseverancia.

El Trabajo es el puente entre aquello que somos y aquello que aspiramos a ser, tanto individualmente como para la sociedad. En ese sentido, el Trabajo masónico no es una actividad destinada exclusivamente al interior de la Logia.

La Logia puede ser el lugar donde reflexionamos, mas es en la vida profana donde nuestros principios deben demostrar su verdadero valor.

Si dentro del Templo hablamos de fraternidad pero fuera de él somos incapaces de respetar a quien piensa diferente, nuestro trabajo está incompleto; si hablamos de Justicia pero permanecemos indiferentes frente a la injusticia cotidiana, nuestro conocimiento todavía no se ha transformado en acción; si hablamos de Ciencia pero rechazamos toda idea que contradice nuestras propias convicciones, todavía no hemos comprendido plenamente el espíritu de la búsqueda.Por eso el Trabajo es acción y perseverancia.

IV. Tres momentos de una misma obra

Como podemos ver, el lema no está compuesto con conceptos independientes, sino como partes de un mismo proceso: La Ciencia nos permite conocer, la Justicia orientar nuestra conducta y el Trabajo nos permite convertir ese conocimiento y esa orientación en realidad.

Suelo decir que la Masonería es para mí un camino de preguntas, por lo que en relación al lema me gustaría plantearlo así:

La Ciencia responde a la pregunta: “¿Qué es verdadero?”

La Justicia pregunta: “¿Qué es correcto?”

El Trabajo pregunta: “¿Qué estoy dispuesto a hacer?”

Las tres preguntas son necesarias, porque conocer sin actuar puede convertirse en erudición estéril, actuar sin conocer ser simple voluntarismo, y actuar sin un sentido de justicia puede producir consecuencias que contradigan aquello que pretendíamos construir.

El lema nos propone, según mi parecer, una secuencia de acción masónica: conocer, discernir y actuar, a la vez que podemos interpretarlo como un movimiento circular. 

Trabajamos y, al hacerlo, aprendemos; aprendemos y descubrimos nuevos problemas. 

Esos problemas nos obligan a revisar nuestras ideas; al revisarlas, modificamos nuestra conducta, lo cual produce nuevas experiencias y, esas experiencias, vuelven a alimentar nuestro conocimiento.

El camino no termina, sino que nos convierte en eternos aprendices. A su vez, y desde una interpretación más personal, siento que el lema contiene tres 

dimensiones que necesitan encontrarse para producir una verdadera transformación humana, en el caso del aprendiz, desde lo ontológico: la Ciencia, como conocimiento (de sí mismo); la Justicia, en cuanto conciencia moral (autoexamen); y el Trabajo, como voluntad (decisión y fuerza interna de cambio).

El conocimiento nos dice qué sucede, la conciencia nos ayuda a determinar qué debemos hacer, la voluntad nos permite hacerlo.

El lema parece invitarnos a buscar una armonía entre esas tres dimensiones. La aspiración masónica nos exige ser hombres y mujeres que procuren conocer, obrar justamente y que estén dispuestos a trabajar sobre sí mismos y sobre el mundo que lo rodea.

VI. Conclusiones: El Lema como programa de perfeccionamiento y como forma de vida Queridos Hermanos, sepan disculpar semejante derrotero anterior, necesario para arribar a la siguiente síntesis.

Habiendo intentado desde hace tiempo elaborar un trazado sobre el tema, borrando y comenzando una y otra vez, casi copiando a Dostoyevski en lo acontecido con su novela, “El Doble”, me inclino en decir que el Lema del grado puede interpretarse como tres condiciones necesarias para el perfeccionamiento, en el sentido que:

 En ese sentido, el aprendizaje masónico parece tener una característica esencial: siempre deja abierta una nueva pregunta. La Ciencia, que pertenece principalmente al ámbito de la inteligencia, nos libera del dogmatismo y nos invita a buscar y cuestionar, sin aceptar una afirmación simplemente porque alguien la pronuncia.

La Justicia, que tiene su correlato con la consciencia, nos libera del egoísmo y nos invita a equilibrar, recordándonos que nuestros derechos están acompañados de responsabilidades.

El Trabajo, concebido como voluntad, nos libera de la pasividad y nos invita a actuar, sabiendo que ninguna transformación auténtica ocurre sin esfuerzo.

Si logramos armonizar esas tres dimensiones quizá podamos comenzar a acercarnos a una forma más completa de libertad. porque considero que no se puede ser verdaderamente libre si no se piensa con responsabilidad, si no se actúa conociendo los límites, ni tampoco lo somos si permanecemos sometidos a nuestros propios prejuicios, pasiones o ignorancias.

Quizás la pregunta más importante que podemos hacernos después de reflexionar sobre Ciencia, Justicia y Trabajo sea una muy sencilla:

¿Qué cambia en nuestra vida cuando realmente tomamos este lema como guía?

Sólo puedo hablar desde mi propia experiencia, pero creo que la respuesta comienza por algo elemental: cambia nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos.

Cada vez que escucho o leo el Lema, pienso que La Ciencia me obliga a reconocer que no lo sé todo, la Justicia me insta a reconocer que no siempre tengo razón y el Trabajo que no basta que quiera cambiar, sino que debo ponerme en movimiento.

Creo que las tres cosas, tomadas en conjunto, introducen una cierta humildad. Una humildad que no significa disminuirnos, sino reconocer nuestras posibilidades y nuestros límites. Si acepto que todavía me queda mucho que aprender, puedo escuchar. Aceptar que cometo equivocaciones, me permite rectificarme, y al aceptar que toda transformación exige esfuerzo consciente, comienzo a poder trabajar sobre mi mismo.

En la vida cotidiana, podemos hacer operativo el lema. por ejemplo: instruirse antes de opinar, verificar antes de compartir, preguntar antes de afirmar o juzgar; reconocer un mérito ajeno si sentir que disminuye el propio, pedir disculpas si hemos causado algún tipo de daño o molestia, ser cuidadosos al hablar de una persona que no está presente, no para aprovecharnos de una ventaja en detrimento de alguien más, cumplir una responsabilidad aunque no tengamos ganas, persistir cuando la motivación inicial desaparece, etc.

Si observamos el lema desde esta perspectiva, descubrimos que no nos habla únicamente de tres valores externos, sino de tres formas de construirnos interiormente.

Y estas tres dimensiones terminan encontrándose en una misma finalidad: hacer del masón un ser más consciente de sí mismo y más útil a los demás.

El perfeccionamiento individual no es un ejercicio de egoísmo espiritual para sentirnos superiores a quienes todavía no han recorrido el mismo camino. Por el contrario, cuanto más conscientes somos de nuestras propias imperfecciones, más difícil debería resultarnos juzgar con soberbia, las imperfecciones ajenas. El conocimiento debería hacernos más humildes, la justicia más responsables, y el trabajo más útiles.

Cuando las tres partes del Lema se encuentran, aparece algo diferente: una persona que intenta comprender antes de juzgar, que intenta actuar correctamente y que está dispuesta a hacer el esfuerzo necesario para convertir sus principios en hechos.

Quizás ese sea uno de los desafíos más importantes para un Aprendiz: no aprender el lema de memoria, ni repetirlo en vano, sino preguntarse cada día:

¿Dónde estuvo hoy mi Ciencia?

¿Busqué comprender o simplemente confirmé aquello que ya pensaba?

¿Dónde estuvo hoy mi Justicia?

¿Fui equitativo con los demás y conmigo mismo?

¿Dónde estuvo hoy mi Trabajo?

¿Hice algo concreto para ser mejor que ayer?

Estas preguntas pueden parecer pequeñas. Pero la Masonería enseña que las grandes construcciones están hechas de pequeñas acciones correctamente orientadas.

Un hombre no cambia su vida en un único instante. La cambia mediante decisiones, tomadas una después de la otra. Y en esto QQHH.°., el lema me interpela cada día: A decidir obrar en consecuencia.

ES CUANTO.

REFERENCIAS

– Constitución del G.°. O.°.F.°.R.°.A.°. (2003). 

– Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones. (s. f.). “Qué es la

Masonería”. Recuperado el 14 de marzo de 2025 de https://www.masoneria-argentina.org.ar/que-es-la-masoneria/

– Cornejo, J. N. (2024). “Manuales del Rito Escocés Antiguo y Aceptado: Tomos I y II”. Ed. Del autor.

– Domènech Gómez, J.-L. (2023). “Manual de instrucción general del grado de Compañero. Rito Escocés Antiguo y Aceptado”. ED. Masonica.es.

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