Logia Nikola Tesla

DE HÉROES Y MAESTROS. ARTÍCULO DE NUESTRA VM NATALIA «GRAFF» COUTAZ PUBLICADO EN LA REVISTA INTERNACIONAL CADENA FRATERNAL Nº 67

5 de junio de 2026

En la actualidad, la idea de héroe es mucho más simple y humilde que la que contemplaba la literatura entre los siglos XV y XVIII. Hoy sus acciones requieren otro tipo de valores, más profundos que la fuerza de un titánico brazo justiciero. La problemática que enfrentan los héroes modernos recae en el detrimento de las virtudes y los deberes del hombre, la ausencia de educación y valores morales que conllevan a la sociedad a cometer actos de desprecio a la vida, ultraje, abusos de todo tipo. Los héroes de hoy no encuentran utilidad en las armas y los poderes extraordinarios, sino que se valen del accionar de su conciencia y el respeto a los valores y las leyes que permitan y garanticen el ejercicio de los derechos y libertades para cimentar el mejoramiento y el cambio.

El término “héroe” tiene una serie de implicaciones que transcienden el papel de “protagonista” de una novela, saga u obra. Su figura se repite en los diferen- tes estratos sociales, literarios y folklóricos a través del tiempo. El personaje que emprende viajes épicos, que lucha con diversas representaciones del mal, aque- llos guerreros reconocidos por sus virtudes que salvan vidas, restablecen el orden a fuerza de espada y muchas veces con ayu- da de fuerzas superiores que en parte los han engendrado, encar- nando la quinta esencia lo los va- lores de sus culturas.

La literatura, desde sus inicios en los mitos helénicos, siempre ha contado con los héroes para realizar las enseñanzas mora- les. Ya Aristóteles señalaba en su “Poética” que su imitación podía hacerse de tres maneras: representando a los personajes mejo- res de lo que son en la realidad, pintándolos como son en la realidad o haciéndolos aparecer como peores de lo que son. Al tomar como referencia a los seres humanos para indicar las cualidades de los personajes, Aristóteles ofrecía un modelo de conducta para los espectadores o lectores, “Ante los mejores es necesario admirarse, ante los iguales reconocerse y ante los peores precaverse”

El personaje del mundo clásico y medieval es un modelo de los valores que la sociedad entiende como positivos. En el héroe se encarnan las virtudes a las que los hombres aspiran en cada momento de la historia. De igual manera, las obras literarias también ofrecían ejemplos de lo que no se debía hacer, modelos para que, con su contemplación, los hombres comprendieran lo erra- do de sus actos, por lo que a veces los héroes tienden a convertirse en maestros.

Podemos pensarlo así, entendiendo que a veces hablamos de nosotros mismos, desde la trama de la lucha personal, de cómo enfrentamos nuestros propios retos y como estos se entrelazan con diferentes entornos y entretelas de quienes nos rodean.

-Cómo reconoce la sociedad sus maestros y sus héroes?
-¿Un maestro, solo puede ser re- conocido desde la ignorancia? -¿Un héroe, solo puede ser reconocido desde la desgracia?

La vinculación entre los valores heroicos y los valores sociales y su enseñanza, es básica para comprender la transformación que se produce a través de ellos al llegar a la época contemporánea. Para que aparezca el héroe, la sociedad ha de tener un grado de cohesión suficiente como para que existan valores en común reconocidos como tales. Sin valores no hay héroe; y sin valores compartidos no puede existir un personaje que permita su ejemplificación.

Que sucede cuando los paradigmas de heroísmo se tergiversan y los modelos que una sociedad califica como inspiración vienen en realidad de un personaje que quebranta los principios que in- tenta profesar.

El héroe es siempre una pro- puesta a la encarnación de ciertos ideales. Su condición proviene tanto de sus acciones como del valor que se le otorgan. El arquetipo del héroe ideal purifica las intenciones de los hombres, desvistiéndolos de los ropajes de la ambición y el deseo, que personifica en sus pasiones y sus vicios.

Reflexionando, matizaba la diferencia entre las virtudes que la sociedad posee y las que cree poseer, entre la verdad y la vanidad social. Cuando nos planteamos qué tiempos han sido mejores, miramos a sus héroes, aquellos que han producido un gran cambio, o aquellos que la sociedad ha considerado como sobresalientes. En ellos tratamos de ver o englobar lo mejor de cada época y replicarla. Aquí hablamos de los que trascienden lo cultural, pero lo cierto es que todos podemos ser el héroe o el tirano de la saga personal de nuestras vidas, cada día.

A Dostoievski, por ejemplo, no le importa qué es lo que un héroe representa para el mundo, sino qué es lo que representa el mundo para él y qué representa para sí mismo. Este es un punto muy importante de analizar a nivel perceptivo, porque la ca- racterización de un héroe no está determinada por su modo de ser, ni es su imagen definitiva, sino que está condicionada por el último recuento de su consciencia. La figura del héroe que se anhela pasa primero por la fragua de nosotros mismos. Emular su condición requiere responsabilidades y compromisos y nos exigirá en el camino deponer los egos

Existe un aspecto coincidente en casi todos los personajes heroicos y sus historias, y es una vida en su mayoría trágica o cargada de sufrimiento y dolor. Lo mismo los maestros, por lo general su propia carencia los ha llevado a no dejar que otros padezcan los sinsabores de la ignorancia.

Hay un viaje introspectivo, de naturaleza iniciática, en estos personajes, al igual que el masón se sumerge en la profundidad del V.I.T.R.I.O.L. y debe liberarse de sus lastres profanos, alcanzarse en una búsqueda interior y renacer en una transición a la inversa, desde el interior hacia afuera.

Hay un nexo que amalgama los caminos del viaje heroico en cualquiera de sus formas, el aprendizaje y la experiencia, y es el Mito que a su vez enlaza al héroe con el aspecto de lo divino. En su simbolismo radica la dualidad de la naturaleza humana como ser racional dominado por su instinto más primitivo, donde el ansia de superioridad, sin el poder de la sabiduría se acentúa en un conflicto entre lo terreno y lo inefable, lo profano y mortal.

¿Qué es lo que lleva al héroe a convertirse en Maestro, o al maestro a convertirse en Héroe? Hay una transición fundamental que lleva la turbulencia de lo he- roico y sus batallas a la llanura y el silencio de la templanza, o viceversa, y es la sublimación de los vicios, el control de las pasio- nes y la búsqueda de la virtud. Las pruebas definen a los héroes y la experiencia al maestro.

Como un ejemplo sobrado en simbolismo, del paso del héroe al maestro, está el Mito griego del Centauro Quirón. En él se plasma inequívocamente, la alegoría de la doble naturaleza del hombre, el ser racional en su mitad humana y el instinto animal en su mitad de equino. En su vínculo con lo divino, Quirón pasa de ser el fruto indeseado de un ultraje, a ser el protegido de los dioses. En un salto que va desde lo heroico de su lucha, con el sufrimiento de lo traumático y salvaje, del re- chazo y la ignorancia, al seno de la sabiduría, protección y al reconocimiento de su experiencia. Quirón pasa de héroe a Maestro, exponiendo su intelecto y raciocinio sobre sus instintos bestiales. Eso lo diferenció siempre de sus pares, que asilvestrados y hoscos, carecían de civilidad.

Quirón fue el pedagogo por antonomasia, preceptor y maestro de la mayoría de los héroes helenos, fue el héroe y a su vez maestro de otros héroes. Sanador tanto por sus manos como por sus pa- labras. Capaz de asistir a hombres y bestias, más no así a su propia existencia. Quirón en su inmortalidad adolecía una renguera permanente (lesión que le fue propinada por el erróneo accionar de su discípulo Heracles [Hércules] al herirlo con una flecha envenenada con la sangre de hidra, en una revuelta de centauros). Bajo el yugo permanente de esa dolencia Quirón encarna la constante

búsqueda de la sanación personal, y pese a que no la haya para sí mismo, termina ayudando a muchos otros al punto, que no pudiendo soportar más una vida con tal dolor, decide por medio de la intervención divina, entregar su inmortalidad a Prometeo y así salvarlo de su castigo por robarse el fuego de los dioses y dárselo a los hombres. A la vez que termina con el propio sufri- miento, habiendo ya culminado su propósito en el plano terreno. ¿Es el sacrificio personal en pos del otro, una exagerada expre- sión de filantropía? ¿Se incluye el sacrificio personal en la labor de un maestro?

Quirón representa el más contradictorio y ambivalente de los mitos griegos, hombre y bestia, racional e instintivo, héroe y maestro, sanador y enfermo, inmortal y mortal. Muere por propio designio, agotado por su lucha. Es sabido que el cono- cimiento produce infelicidad y dolor, he ahí una de las facetas simbólicas del mito, que pese a su saber, sufre la imposibilidad de cambiar su destino y su condición, no obstante sigue entregando su conocimiento hasta el final además de su inmortalidad por el bien de otro.

En la leyenda Masónica, Hiram, es retratado como fiel hasta la muerte y alguien de total honestidad e integridad, un ejemplo de cómo vivir y morir con honor. La voluntad y el sacrificio de Hiram por preservar lo sagrado nos recuerda el alto código moral al que nos adherimos y que puede llevarnos a hacer sacrificios muy grandes y dolorosos para mantener nuestra integridad y el de la Orden.

La leyenda Hirámica es puramente alegórica y pretende recordarnos la nobleza del alma humana. El trabajo de Hiram es el de un símbolo de resistencia y espíritu; sus enemigos representan nuestros propios bajos instintos, deseos, pasiones y fracasos. Esta es la verdadera importancia de la Leyenda que incita a los masones a servir a la verdad al mantener firmes sus aspiraciones más nobles. Incluso hasta su aparente derrota, de la cual puedan elevarse nuestros ideales masónicos y la inmortalidad del alma. La exaltación a la maestría tiene como punto central el mito, pero a la vez, esta transición será una especulación mental que intenta integrarse en el sentir más profundo del nuevo maestro. Se puede entender la leyenda de Hiram, como una transición de maestro a héroe, en el sentido de que en él descansan los más profundos secretos de la construcción en el amplio sentido simbólico de la palabra, en tan- to, que esconde una verdad que está velada a la vista.

En el mito de Quirón muere el héroe para que nazca el maestro y en el mito de Hiram muere el maestro para que nazca el hé- roe. Se es héroe cuando se comprende que no es la hazaña lo que prevalece como trofeo sino los valores realzados por medio de ella. Y se es maestro, cuando en esa misma niebla del discernimiento se comprende que, lo que se transmite es la enseñanza y no el suceso, sea que decante del triunfo o del fracaso. Los maestros son investigadores del conocimiento, deben leer, estudiar, reflexionar y discriminar en la construcción de su templo personal, teniendo como meta la búsqueda de la verdad y la perfección en pro del bien personal y de la humanidad.

Hiram, simboliza al espíritu humano, que logra superar el ego y los vicios, los maestros deben profundizar en la leyenda de para verse en él, pues Hiram está vivo, en cada uno de nosotros. Los maestros deben laborar su espíritu para lograr la armonía; y es aquí donde todo toma sentido, representando la perfección que buscamos y nos enfrenta a los tres Jotas (Ambición, Ignorancia y Fanatismo) que están acechándonos para evitar que recordemos la Palabra Perdida.

Ver link t.ly/f2aKK págs. 112-116

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